—HISTORIA

DETRÁS DE JAN JAM

Soy Miguel González y estaba escrito…
¡Nací para hacer mermeladas!

¿Qué otro camino podía seguir habiendo nacido de dos químicos que no hacían más que probar recetas y fórmulas de mermeladas en casa? Estaba claro.

El mismo año de mi nacimiento, mi padre trajo de Suiza, donde él trabajaba, una planta de ruibarbo. ¿Rui qué? preguntaba todo el mundo sin comprenderlo.

En Garde, el pueblo natal de mi madre en la Navarra pirenaica, obtenían dos cosechas anuales de ruibarbo: en junio y en septiembre.

Con ellas probaban fórmulas, procesos, ingredientes, combinaciones…

¡Yo era el que disfrutaba más de toda aquella locura y, sobre todo, de los resultados! No veas la de riquísimos bocatas de mermelada de ruibarbo con mantequilla que me habré tomado en mi vida.

¿Y los aromas? El olor que desprende el ruibarbo al ser pelado o al cocerlo con azúcar está grabado en mi mente y en mi olfato. ¿Cómo iba a dedicarme a otra cosa que no fuesen las mermeladas?

—LABORATORIO

¡El cielo en bandeja de plata!

La casa de los González se convirtió en un verdadero laboratorio químico.

En poco tiempo empezaron a pasar por la cocina de aquella antigua casa de Garde el cassis, la grosella roja, la frambuesa, y muchas otras frutas que mi madre encontraba por la región como el cascabillo, que es una ciruela Claudia silvestre que se da en el Valle de Roncal. 

Las fragancias de las atrevidas mermeladas de frutas de mi madre se mezclaban con el aroma del café con leche que tomaba mi abuelo en la cocina cada mañana… ¡Lo recuerdo como si fuese ayer! Pero ¡no creas que quedó ahí la cosa! 

Habría que probar los sabores salados también, ¿no? Y así empezamos con la salsa de tomate, los chutneys, las compotas… Para Mini Miguel, ¡aquello era el cielo en bandeja de plata! 

¡Teníamos mermeladas para desayunar, comer y cenar! ¿Se podía pedir algo más?

¡Si es que estaba escrito! ¿A dónde fui a parar en mi año de Erasmus?  A Francia, ni más ni menos, donde la mermelada es sagrada.  ¿Aprendí mucho sobre Ingeniería Agrónoma, la carrera que estaba cursando?  Aprendí, ¡claro que aprendí! Y de mermeladas, ¡ni te cuento! 

Con todo el conocimiento que yo ya tenía de chico, me fijaba en todo: analizaba los ingredientes, las cantidades, los tiempos, las combinaciones…  Por eso, al regresar a Navarra y tras pasar por varios trabajos diferentes, no pude contener más mis ganas de compartir con el mundo mi verdadera pasión.  Y un buen día, decidí dejarlo todo para lanzarme a la aventura de JAN JAM.

¿Por dónde iba a empezar? Por donde empezó mi padre: por el ruibarbo, ¡un auténtico desconocido en España! 

La idea era plantar ruibarbo para después venderlo en fresco y transformado en mermelada, jalea, chutney y néctar, productos que elaboraría yo mismo. Iba a ser el negocio ruibarbo, ¡incluso quería encargar helado y yogurt e importar vino de ruibarbo de Francia! Pero, después de hablar con agricultores, expertos y empresas dedicadas al ruibarbo en Francia y Suiza, me di cuenta que iba a ser muy difícil poner en práctica mi idea original. 

¿Tenía Plan B?  Lo tenía. Bueno, en realidad, mi plan B siempre había sido mi plan A: La mermelada artesanal, como la que se había preparado siempre en casa. 

El 1 de febrero de 2011 me establecí en un pequeño local y comencé a fabricar mermeladas. Por fin estaba donde tenía que estar.

—UMMM

JAN JAM ya en tu cocina, ¡mañana, tarde y noche!

Empecé elaborando las mermeladas que conocía mejor: ruibarbo, fresa, fresa silvestre, frambuesa, casis, grosella… 

Llamé a muchas puertas y hablé con muchos proveedores.  Me abrí camino como pude en un mundo comercial que yo desconocía por completo.  Muchos —No gracias. Muchos, —Tienen Buena pinta, pero ahora no gracias.  —Pero, yo no desistí. 

Creía en mis productos.  Incorporé más sabores a mi gama: albaricoque, melocotón, naranja…  Y me atreví con mi primera mermelada de acompañamiento: la mermelada de tomate y cebolla con la receta que mi madre elaboraba por aquel entonces en Garde. Aquí fue cuando empecé a llamar la atención. 

—¡Qué bien acompaña el queso de cabra! —me decían algunos.  —¡Riquísimo con carnes y pescados a la plancha! —me decían otros. Y aquí fue cuando empecé a trabajar inteligentemente.  

Aquí fue cuando empecé a buscar proveedores de fruta local fresca, a trabajar con fruta congelada para obtener una calidad homogénea, a ahorrar costes de almacenamiento, a identificar maneras de ganar productividad… Aquí fue cuando asenté las bases de un negocio honesto, eficaz, y basado en productos y procesos de altísima calidad.  

¡Y ahora… ha llegado el momento de compartir con todo el mundo mis mermeladas, chutneys y compotas Arte-Sana-les para desayunos, almuerzos, meriendas, cenas, canapés, tapas y cualquier otra ocasión que lo tercie!

Si aprecias el producto de calidad, el proceso artesanal y las pequeñas cosillas en esta vida, apreciarás JAN JAM.

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